Escúchame, te hablo desde lo más profundo de mi silencio. Te extraño desde lo más insignificante de mi existencia. Te pienso desde lo más recóndito de mi fe. No puedo ya soportar saber que estas aquí sin estar, pensar que te vas pero te quedas, te quedas aquí en lo más profundo, en lo más intimo, en lo más perfecto de lo que nunca fuimos.
Dices adiós sin reparos, en cambio yo me quedó aquí sonriendo mientras muero por dentro. Sabiendo que mis soledades contigo serán aun más profundas en tu ausencia. Extrañándote a mares mientras apenas para ti represento una gota, vete pues pero no vuelvas, no hables, porque si escucho de nuevo tu voz, seré incapaz de hacer como que has muerto. Guarda silencio y márchate, a final de cuentas, lo harás, nunca vas a leer esto.
¿Por qué no puedo simplemente ignorar que existes?, pretender que te fuiste para siempre. Tu ausencia me pesa demasiado, pero me pesa aun más tu indiferencia. Pretendes que todo sigue igual. Y no es así, no es igual ni volverá a serlo. Me afecta tanto que no te afecta ni siquiera un poco. Mi distancia crece más, ya no hablo solo de kilómetros. Eres cada día un recuerdo más lejano, un pensamiento más distante y una memoria más dolorosa.
sábado, 5 de marzo de 2011
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